¿QUÉ ES UN BANCO DEL TIEMPO?




*Un Banco del Tiempo está formado por personas y entidades asociativas solidarias interesadas en OFRECER y RECIBIR servicios.


*Los servicios son totalmente gratuitos.

*Todos tienen la misma unidad de valoración, todos valen lo mismo: EL TIEMPO empleado en su ejecución.

*Los intercambios no son trabajos profesionales, o economía sumergida. Son puntuales y espontáneos que no requieren profesionalización.

*La calidad de los intercambios, así como los riesgos, están en manos de los usuarios, siendo ellos los responsables únicos de las situaciones que se produzcan y quienes efectuarán la calificación de la calidad de los trabajos recibidos.

*El Banco sólo sirve como forma de contacto entre los usuarios y como posible mediador de conflictos, pero nunca como responsable por la calidad del servicio ofrecido.

¿Quiénes forman el BDT?
Todos los que de una forma desinteresada participan en los intercambios.

¿Quién lo administra?
Un grupo de personas cuyo objetivo es crear una red de intercambio de tiempo y de servicios entre los ciudadanos.

¿Cómo puedes participar?
1.- Entra en ACCESO AL BANCO
2.-Regístrate como usuario.
3.- La Administración te dará de alta y te confirmará como usuario del Banco. A continuación podrás ofrecer y/o demandar servicios.
4.- Para ponerte en contacto con la persona que ofrece el servicio que tu solicitas, hazlo desde tu  tu página de usuario, enviándole un mensaje (mensajes internos de los usuarios del Banco).
5.- Al terminar el servicio se  transferirá un tiempo que quedará en el  HABER, como crédito,  de la persona que lo ha prestado, y en el DEBE,  como débito, de la persona que lo recibe.

COMPARTE TU TIEMPO
AYUDA A LOS DEMÁS y
BENEFÍCIATE DE ELLO

HACER INVENTARIO


Aquel día, lo ví distinto. Tenia la mirada enfocada en lo distante, casi ausente. Pienso, ahora, que tal vez presentía que ese era el último día de su vida. 
Me aproxime y le dije: 
-Buen día, Abuelo. 

El extendió su silencio. Me senté junto a su sillón y, pasado un misterioso instante, exclamó:
-¡Hoy es día de inventario, hijo!
-¿Inventario? -Pregunté sorprendido-.
-Sí. ¡El inventario de las cosas perdidas! - me contestó con cierta energía y no se si con tristeza o alegría.

Y prosiguió:
-En el lugar de donde yo vengo, las montañas quiebran el cielo como monstruosas presencias constantes. Siempre tuve deseos de escalar la más alta. Nunca lo hice. No tuve el tiempo ni la voluntad suficientes para sobreponerme a mi inercia existencial. Recuerdo también a Mara, aquella chica que ame en silencio por cuatro años; hasta que un día se marchó del pueblo, sin yo saberlo. ¿Sabes? También estuve a punto de estudiar ingeniería, pero mis padres no pudieron pagarme los estudios. Además, el trabajo en la carpintería de mi padre no me permitía viajar. ¡Tántas cosas no concluídas, tantos amores no declarados, tántas oportunidades perdidas!

Luego, su mirada se hundió aun más en el vacío y se humedecieron sus ojos. Continuó:
-En los treinta años que estuve casado con Rita, creo que sólo cuatro o cinco veces le dije `Te Amo'.

Tras un breve silencio, regresó de su viaje mental y, mirándome a los ojos, me dijo:
-Este es mi inventario de cosas perdidas, la revisión de mi vida. A mí ya no me sirve. A ti sí. Te lo dejo como un regalo, para que puedas hacer tu inventario a tiempo.

A continuación, con cierta alegría en el rostro, continuó con entusiasmo y casi divertido:
-Sabes qué he descubierto en estos días?
-Qué, abuelo?

Aguardó unos segundos y no contestó. Me interrogó nuevamente:
-Cuál es el pecado más grave en la vida de un hombre?

La pregunta me volvió a sorprender y solo atiné a decir, con inseguridad: 
-No lo había pensado. Supongo que matar a otros seres humanos, odiar al prójimo y desearles el mal. Tener malos pensamientos, tal vez...

Movió su cara de lado a lado, como reacción a mi respuesta errada. Me miró intensamente, como remarcando el momento y, en tono grave y firme, me señaló:

-El pecado más grave en la vida de un ser humano es el pecado por omisión. Y lo más doloroso es descubrir las cosas perdidas sin tener tiempo para encontrarlas y recuperarlas.


Al día siguiente, regresé temprano a casa, después del entierro del abuelo, para realizar en forma urgente mi propio inventario de las cosas perdidas. 

El expresarnos nos deja muchas satisfacciones, así que no tengas miedo, y procura no quedarte con las ganas de nada, antes de que sea demasiado tarde...

(Autor desconocido)